

El chamanismo, una experiencia
El camino del chamán
El chamanismo, una experiencia
Raizes del Chamanismo
Sin duda sorprenderá que la palabra Chamán, es en realidad una palabra rusa. Así es, con esa palabra se conocía a las personas que ejercían un determinado rol en una comunidad.
Eran sanadores, consultores, hacían los rituales que se necesitaban de acuerdo a la época del año o las circunstancias, eran los que tenían contacto con “otros” mundos etc.
Esta palabra se extrapoló luego a todas las personas que dentro de una comunidad hacían lo mismo, pero esa extrapolación corrió por cuenta de los antropólogos, que se dieron cuenta que en todas la comunidades del mundo por mas separadas en tiempo y espacio que estuvieran, todas tenían un personaje que se encargaba de estas mismas cosas. Ya era raro, gente que ni siquiera vivió en el mismo continente ni el mismo tiempo hablaban de las mismas cosas, tenían rituales parecidos, invocaban a los mismos “espíritus”. Así “nació” el nombre genérico de Chamán.
Cada comunidad tenía y tiene sus particularidades, en la Patagonia Argentina, por ejemplo, quien se encarga de eso son las mujeres en general y se llaman Machis, para los indio Navajo en México son los Hatalii, en Japón se los llama Nuru, en Tibet Ngakpas.
Así podríamos recorrer todo el mundo.
Esto nos muestra que hay una sabiduría, vieja como el mundo, compartida por todo el mundo antiguo, que está ahí esperándonos. Nunca mejor dicho, es la sabiduría, la enseñanza la que espera a que nosotros lleguemos a ella, no ella la que tiene que venir a nosotros. Es un tipo de enseñanza que no solo te explica sino también te implica. Y esa es una diferencia enorme.
Señales para encontrar el camino
Para mostrar la enseñanza nada mejor que enseñar, ahí va mi camino.
Tomé contacto con el chamanismo en el año 2006. Por casualidad, hoy entiendo que eran señales, me llegó un libro sobre la Ayahuasca, el ADN, la serpiente cósmica y el origen de la vida; así se llama el libro.
Este libro me introdujo en un mundo, que a principio me pareció fantástico, luego entendí que era un mundo mucho mas real de lo que creí en ese momento.
Siguiendo con las “ señales casuales”, termino de leer el libro y hablando con un colega Fisioterapeuta me comenta que él había hecho muchas tomas de Ayahuasca , que conocía un centro holotrópico en Buenos Aires donde se hacían tomas regularmente y que “casualmente”dentro de poco hacían una. Quedó en averiguarme.
A los días me llama y me dice que “casualmente” iba a venir un Chamán peruano, que vivía en la Amazonia peruana, a guiar la ceremonia de toma “si querés, me parece que no hay mejor oportunidad que esta” palabras textuales. Como buen occidental y argentino, previa consulta con quien era mi analista, me encaminé a mi primera toma de Ayahuasca.
Las palabras de mi analista y lo que sucedió en esa ceremonia, serán para otro capítulo.
"Fue instante de vital importancia para mí, un momento con lo más profundo que uno se puede encontrar, uno mismo".
Don Víctor,el chamán peruano, se quedo un tiempo en Buenos Aires impartiendo su enseñanza. Y él fue uno de los que me mostró el camino. ¿Como enseñaba?, explico.
Yo vivía a dos horas de la casa de Don Víctor, un día me llama, “venga que le quiero mostrar algo”.
Y ahí fui yo. Ese era uno de los compromisos.
Si te llaman tenés que ir
Dos horas de viaje después, llego a la casa de Don Víctor. Entro y empieza a hablar de los nietos, ya era tarde, entramos a la cocina y encima de la mesa había un montón de verduras que nunca había visto en mi vida y que nunca mas volví a ver. “Prepárese algo para comer mientras hago unas cosas”. Yo no sabía por donde empezar, apenas sabía preparar alguna cosa para mí y enfrente tenía productos completamente desconocidos para mi. Entonces le digo, “mire Don Víctor, que le parece si voy al supermercado de a acá a la vuelta y compro algo, porque verdad no se que hacer con todo esto”.
Don Víctor me miró y solo me dijo “quizás ese sea todo el problema, que solo hace las cosas que cree que sabe hacer”, salió al jardín de su casa y cerró la puerta detrás de él. Santo y seña que lo de aquel día se había acabado ahí y que me tenía que ir.
Volví a mi casa, dos horas mas de viaje, insultando a los cuatro vientos, a Don Víctor, al Chamanismo y a todo lo que se me cruzara.
Después, repasé la escena. Y pude entender como yo solo me ponía los límites ante las cosas que tenía adelante. Sea unas verduras o un paciente. De como yo necesitaba devorar una biblioteca para poder resolver algo.
Don Víctor nos mostró, a mí y a un grupo de gente, muchas cosas. El camino del guerrero, que cada uno debe emprender para estar presente en cada momento de su vida. El guerrero no combate hacia afuera, siempre es una lucha interna.
El arte de la negociación, una vez alineado con el guerrero, aparece el mercader a negociar con el afuera.
La sensibilidad del sacerdote, para manejar las energías. “Hay que ser hipersensible e imperturbable” decía.
Y el camino del héroe, de aquél que hace su propio camino.
Aprendimos muchas cosas, nos implicamos en muchas cosas. Tomamos aliados de otras realidades, incorporamos animales de poder, recuperamos fracturas del alma, hablamos con piedras.
Iniciamos un camino para transformarnos en la mejor definición que tiene la palabra Chamán, hombre medicina. Donde la medicina no está afuera, sino dentro del hombre.
Y un día así como apareció Don Víctor - desapareció, simplemente nos juntó y nos dijo “me voy, yo les enseñé a caminar, ahora ustedes tiene que recorrer el camino”.
Y aquí estamos, caminando...
Imagen de de Okan Caliskan en Pixabay
